LIDERAR EQUIPOS Parte I

El trabajo en equipo es un pilar fundamental del progreso social y del desarrollo personal. Ha demostrado su utilidad y validez tanto en el ámbito académico, a través del aprendizaje participativo y cooperativo, como en el ámbito laboral, inmerso en una creciente complejidad que hace que resulte cada vez más necesario aunar esfuerzos. El ser humano es un ser social que necesita del contacto con los demás, y éste, a su vez, está en el origen de su desarrollo como individuo. El aislamiento es, de hecho, uno de los peores castigos a los que puede ser sometido el ser humano.

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Pero, ¿por qué resulta, en ocasiones, tan complejo trabajar en grupo?, ¿de qué depende la eficacia de los equipos de trabajo? Su tamaño y composición, su estructura y tipo de liderazgo, las características de los miembros que lo integran, y su grado de cohesión, son variables que intervienen de forma importante. La cohesión, por ejemplo, nos muestra el grado en que el grupo está conjuntado, e implica un claro predominio del “nosotros” colectivo sobre el “yo” individual. Influye positivamente en aspectos tan diversos como la conformidad con las normas, la motivación y satisfacción, la coordinación y calidad de las interacciones, o la productividad y el logro de objetivos.

Los equipos que obtienen un alto rendimiento se caracterizan porque comparten un objetivo común, se sienten orgullosos de pertenecer al mismo, y muestran aprecio por sus miembros. Son grupos bien cohesionados, que mantienen una relación y una comunicación adecuadas, y cuyos miembros se desarrollan también individualmente a partir del grupo.

Para alcanzar ese nivel de eficacia, el desarrollo del trabajo en equipo requiere de la utilización de habilidades muy diversas, de comunicación, liderazgo, creatividad o solución de conflictos. En general, no participamos en la elección de los miembros de muchos de los grupos a los que pertenecemos. Surgen con frecuencia conflictos que, en todo caso, son inherentes a las relaciones humanas, y son un hecho natural en la fase inicial de formación de la mayoría de los equipos.

La comunicación resulta ser un factor esencial en la dinámica de los grupos, así como en la prevención y solución de conflictos. Optimizar el proceso de comunicación requiere de un esfuerzo de profundización en la búsqueda, no sólo de claridad, sino también de armonía, a partir de la empatía, la escucha activa y el respeto mutuo. Comunicarse bien precisa de una preparación previa, y de una cuidada atención a aspectos tanto verbales como a no verbales. Pero cabe destacar que la orientación en positivo de la comunicación es el elemento que más suele contribuir a optimizar las relaciones dentro del equipo.

 

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