LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

El psicólogo Daniel Goleman generó gran interés en el papel que juegan las emociones  en el pensamiento, la toma de decisiones y el éxito individual cuando publicó su libro Inteligencia Emocional. Asimismo la inteligencia emocional tiene una serie implicaciones directas con la productividad en las empresas.

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Según el psicólogo la inteligencia emocional está ganando peso en la empresa aunque la velocidad varía según los países. Dice este autor que bajo el patrón de la inteligencia emocional las compañías pueden calcular las posibilidades de éxito de un individuo con mayor precisión que si sólo evaluaran el coeficiente intelectual, un aspecto clave cuando contar con los mejores profesionales es cada vez más importante.

Para demostrar su teoría, utiliza como ejemplo el desempeño profesional de quienes en su día podían haber sido compañeros en la escuela. El mejor de la clase, con un alto grado de coeficiente intelectual, ha resultado tener un éxito laboral inferior a otro alumno que era un estudiante mediano. La diferencia entre ellos radica en que el segundo es capaz no sólo de controlar sus propias emociones, sino también de influir positivamente en los grupos de trabajo. Todos quieren trabajar con él.

Esta capacidad para mediar en el estado de ánimo de un grupo está considerada como una de las virtudes de la inteligencia emocional. Cuando se es líder de un equipo de trabajo, el impacto que se tiene sobre el estado emocional del conjunto es mayor. Las oscilaciones   en los estados anímicos se ven reflejadas en los niveles de producción. Se tiende a la baja cuando el grupo está deprimido y al revés. Así como el ánimo del líder es evaluado por los empleados, también lo son sus acciones. Por ejemplo, la tendencia que tienen algunas empresas de anunciar grandes despidos a través de los medios de comunicación, sin informar antes  a su personal es un error por el impacto emocional que tendrá sobre el estado de ánimo de quienes permanecen en la empresa. Las empresas necesitan mantener su ritmo productivo por lo que se hace necesario un mensaje donde se explique que desafortunadamente tienen que prescindir de parte de la plantilla para la supervivencia de la empresa.

Ante el importante impacto que tiene la inteligencia emocional en la cuenta de resultados Goleman considera que las universidades y escuelas de negocios debieran incluir esta disciplina en sus planes de estudios y no centrarse exclusivamente en enseñanzas técnicas dejando de la lado aprendizajes más sociales.

Este experto reconoce la dificultad de inculcar estos conocimientos a quienes han desempeñado durante muchos años el mismo cargo, y como ejemplo, utiliza a los directivos norteamericanos que rotan en el cargo cada cuatro o cinco años, mientras que en España la tendencia es a mantenerse en su posición.

Cambiar viejos hábitos no es fácil. A pesar de que la disposición es el primer paso, el reto de utilizar la inteligencia emocional consiste en dedicarle tiempo y esfuerzo. La edad influye al hablar de cambios, sobre todo porque será más difícil cambiar un hábito cuanto más arraigado está.

Para iniciar el cambio se debe hablar sinceramente con los equipos de trabajo y conocer qué actitudes o acciones afectan al grupo. Con las respuestas obtenidas el líder podrá rectificar sus comportamientos. Cuando el directivo hable con sus empleados sobre sus actitudes negativas puede llevarse una buena sorpresa, aunque para ello hace falta exponerse a las críticas sin miedo y sin resentimientos.

Con buena disposición y conociendo en qué debe mejorar, el directivo está listo para aprender la lección más importante: el autocontrol. Con la adquisición de esos nuevos aprendizajes, el líder podrá moldear el ambiente laboral de su grupo y obtener mejores resultados a partir de cómo es percibido por sus empleados.

Los ejecutivos que proporcionan una visión y dirección a largo plazo y los que desarrollan a los empleados para el futuro son quienes tienen un mayor impacto positivo sobre el clima laboral. Sin embargo, los líderes con un perfil autoritario son los que más deprimen a los grupos.
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La influencia de los líderes en sus grupos de trabajo se ve intensificada cuando la empresa está involucrada en una crisis. En situaciones de dificultad los empleados observan a sus superiores y los convierten en un modelo a seguir copiando la actitud, positiva o negativa. En esas situaciones se recomienda ser claros porque eso ayuda al desempeño conjunto de la organización. Los esfuerzos que se soliciten en tiempos difíciles no deben ser absurdos, sino justos. El líder debe encargarse de mantener a su personal en un estado mental intermedio entre el aburrimiento y el estrés, es decir, donde el individuo sienta presión, pero tenga la capacidad de adaptarse a las situaciones.

Para fortalecer la relación con los empleados, se recomienda hablar directamente con cada trabajador y no abusar de la tecnología. El problema de la tecnología es que se pierde una parte del mensaje por la falta de emociones corporales. Las señales que emite el cuerpo humano es una parte más de las muchas piezas que hay que tener en cuenta a la hora de desarrollar la inteligencia emocional.

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