Inteligencia ejecutiva y la educación del talento

La función esencial de la Inteligencia Ejecutiva es dirigir el comportamiento mediante metas elegidas, utilizando para ello el conocimiento y la gestión de las emociones.

Esta nueva idea de inteligencia hace posible educar la gran máquina generadora de ideas para que sea eficaz y brillante, así como educar las funciones ejecutivas para seleccionarlas y ponerlas en práctica. Este tipo de inteligencia no es innata; hay que aprenderla. En ello consiste la Educación del Talento.

La inteligencia ejecutiva utiliza cuatro herramientas esenciales como instrumentos de la razón: Orden, Constancia, Voluntad y Motivación.

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El orden consiste en lo recto, lo correcto, la disposición adecuada de las cosas. Ser ordenado tiene efectos beneficiosos para la personalidad, por ejemplo, la eficacia ( el tiempo se multiplica y llega para más cosas ).

La constancia es la tenacidad sin desaliento; hace que la persona se mantenga firme e inalterable. Nos hace dueños de nosotros mismos. Ser perseverantes en el esfuerzo diario debe ser el eje de cualquier conducta que aspire a lo mejor.

Ésta presenta tres notas descriptivas:

  • La actitud constante, que es la disposición interior para no desanimarse.
  • El hábito, que es la repetición de actos que implican pequeñas renuncias.
  • El espíritu deportivo de lucha, que es la superación de pequeñas derrotas, capacidad para sobreponerse.

La persona constante se hace estable y está dispuesta a buscar lo mejor a largo plazo, aunque en principio le cueste y signifique un esfuerzo.

La voluntad es aquella disposición para querer algo y ponerse a buscarlo en esa dirección. Conlleva la costumbre de vencer sobre uno mismo.

Toda educación empieza y termina por la voluntad. Y ésta se enriquece a base de hábitos repetidos en esa dirección. Una persona con voluntad llega más lejos que una persona inteligente.

Hay una distinción interesante que es la diferencia entre desear y querer. Desear es pretender algo desde un punto de vista pasajero; depende de sensaciones exteriores y responde a mecanismos que se activan con cierta inmediatez. El deseo se da más en las personas poco maduras, mientras que el querer es más propio de personas más sólidas.

Quien tiene educada la voluntad es una persona más libre y puede llevar su vida hacia donde quiera.

La motivación es lo que tira de nosotros hacia un punto que está en el futuro. Una voluntad bien dispuesta es la que está motivada. Los agentes motivadores ponen en marcha la voluntad y la tornan a esta fácil, bien dispuesta, capaz de crecerse ante los obstáculos. Estar motivado significa tener una representación anticipada de la meta. Eso arrastra la acción.

El aprendizaje en las personas es mucho más importante que el instinto. La inteligencia ejecutiva es una facultad superior que encarga el mando sobre el resto de las funciones psicológicas. Esa educación se realiza mediante la adquisición de hábitos positivos que conducen a huir de la filosofía del me apetece a aquella otra de hago lo que es mejor para mí.

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